¿Cómo se cazaba hace 15.000 años?



Los grupos humanos que ocuparon la cueva de Chaves, en Bastarás (Huesca), hace unos 15.000 años, durante el Magdaleniense, conocían bien el territorio que les rodeaba y adaptaban sus actividades de caza al comportamiento de los animales y a los cambios estacionales, en un momento en el que las últimas sociedades cazadoras-recolectoras recorrían y explotaban los paisajes del Prepirineo aragonés. Así lo muestra un nuevo estudio, elaborado por un equipo internacional integrado por investigadores de los Institutos Universitarios de Investigación en Ciencias Ambientales (IUCA) y en Patrimonio y Humanidades (IPH) de la Universidad de Zaragoza, así como de la Universidad de Pisa (Italia) y del Museo Nacional de Historia Natural de Francia, y recientemente publicado en la revista científica International Journal of Osteoarchaeology.

La investigación se ha centrado en los restos de cabra montés (Capra pyrenaica) recuperados en uno de los niveles de ocupación de Chaves correspondientes al Magdaleniense, una de las últimas etapas del Paleolítico superior, que fueron excavados entre los años 80 y 90 por Pilar Utrilla. “Casi veinte años después de la destrucción del yacimiento, la cueva de Chaves continúa suministrando información de primer nivel sobre sus ocupaciones prehistóricas. En este caso se trata del campamento magdaleniense: hace algo más de 15.000 años un grupo de cazadores se instaló recurrentemente en la cueva y desde allí abatió con intensidad cabras monteses, aprovechando su cercanía a las áreas rocosas de la Sierra de Guara”, explica Rafael Domingo, investigador del IPH y coordinador de los trabajos en la cueva.

Los resultados muestran que la caza de estas cabras no respondía simplemente a encuentros fortuitos con los animales. La composición de los restos y la información conservada en sus dientes son compatibles con episodios recurrentes de caza asociados a determinados momentos del ciclo anual de los animales, lo que apunta a un aprovechamiento del territorio adaptado a su comportamiento y a los cambios estacionales. El estudio permite, así, acercarse a la vida de las comunidades cazadoras-recolectoras que habitaron el Prepirineo aragonés al final del Pleistoceno.
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